Empujan el frijol zacatecano para su compra

El alcalde de la capital zacatecana, Miguel Varela Pinedo, ha salido triunfante a anunciar que el asombroso pacto para vender 1,500 tonel...
El alcalde de la capital zacatecana, Miguel Varela Pinedo, ha salido triunfante a anunciar que el asombroso pacto para vender 1,500 toneladas de frijol al gobierno de Aguascalientes sigue tan vigente como la paciencia de los agricultores. En un despliegue de velocidad pocas veces visto, el edil prometió que la primera entrega de este codiciado alimento se realizará en los próximos días.

La logística de esta transacción es una obra de arte que pondría a temblar a las multinacionales. Tras una reunión con las autoridades vecinas, se decidió que una parte de las leguminosas se quedará cómodamente arrumbada —perdón, "almacenada"— en San Francisco de los Romo para su traslado, mientras que a los productores les tocará la divertida tarea de embolsar el resto.

Por supuesto, un evento de tal magnitud no podía librarse de la bendita burocracia. El gobierno hidrocálido se mantuvo esperando a que los campesinos terminaran sus tediosos trámites ante Alimentación para el Bienestar antes de dignarse a recibir el cargamento. Porque todos sabemos que el estómago de los ciudadanos puede esperar, pero las firmas oficiales y los sellos de bienestar son sagrados.

Pero la verdadera genialidad de este acuerdo radica en su revolucionaria estrategia de precios. En un acto de generosidad sin precedentes, el precio se fijó en 16 pesos por kilogramo, congelando magistralmente el valor exacto que ya se pagaba en 2025. ¿Inflación? ¿Aumento en los costos de vida? Esos son mitos urbanos. Cabe destacar que la ilusión inicial era de 20 pesos por kilo, pero las autoridades decidieron "ajustar" el precio a la baja para evitar que los productores cayeran en las tentaciones del exceso de riqueza.

Además, se diseñó un esquema matemático digno de un Premio Nobel de Economía: si el productor entrega el grano bien embolsado, se le pagan sus 16 pesos por kilo; pero si decide ahorrar esfuerzos y entregarlo a granel, el precio se recibe a 14 pesos. Aquí está el detalle cómico: el propio alcalde admitió que la bolsa de kilo cuesta entre dos y tres pesos en promedio. Es decir, si un agricultor gasta tres pesos en la bolsa para que le paguen 16, termina quedándose con unos espectaculares 13 pesos netos por kilo. En cambio, si lo vende suelto a granel y se ahorra el trabajo, ¡recibe 14 pesos!.

En resumen, una maravillosa lección de negocios gubernamentales: entre más trabajes, más empaques y más gastes, menos dinero te queda en la bolsa. ¡Felicidades a los estrategas detrás de este glorioso acuerdo comercial!

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