Qué tragedia, qué dolor patrio, qué infamia diplomática. Resulta que las refinadas mentes de nuestra diplomacia nacional han puesto el grito en el cielo porque el FBI se atrevió a sugerir que ellos "aseguraron" la avioneta en la que Ismael “El Mayo” Zambada fue enviado a territorio estadounidense en julio de 2024. La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), con su titular Roberto Velasco Álvarez al frente, ya mandó una enérgica cartita exigiendo que Washington aclare semejante osadía.
¡Faltaba más! ¿Cómo se atreven las agencias gringas a operar en suelo mexicano sin pedirle permiso y mandarle su respectivo oficio por triplicado a nuestro gobierno? Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, ya sacó el manual de las grandes tragedias mundiales y advirtió que, de confirmarse que el FBI metió las manos sin avisar, se estarían violando flagrantemente la Carta de las Naciones Unidas, la de la OEA, la Constitución mexicana y la Ley de Seguridad Nacional. ¡Vaya despliegue de legalidad internacional para defender el espacio aéreo de un vuelo que llevaba a uno de los capos más buscados del planeta!
La gran ironía, que por supuesto a nadie en el gobierno le gusta recordar en voz alta, es que durante todos los años de la autoproclamada Cuarta Transformación, las autoridades mexicanas jamás pudieron —o quisieron— ponerle un dedo encima al "Mayo". El hombre se paseaba como Pedro por su casa en territorio nacional. Pero ah, en cuanto el señor terminó bajo custodia del Tío Sam gracias a un sainete digno de telenovela barata, el orgullo nacional se inflamó instantáneamente.
La presidenta Claudia Sheinbaum, en una de sus brillantes disertaciones matutinas, se preguntó con profunda indignación si el exembajador Ken Salazar mintió en agosto de 2024 cuando juró que ninguna agencia de su país intervino, o si los que mienten ahora son los del FBI. En el fondo, la verdadera pregunta que flota en el aire es otra: ¿cómo es posible que el aparato de seguridad mexicano sea tan inocente como para creerle ciegamente a un diplomático estadounidense en primer lugar?
Para aderezar este caldo de incongruencias, Sheinbaum también lanzó al aire un dardo moralino: “¿Quién acuerda con miembros de la delincuencia organizada?, porque nosotros no. Nosotros nunca vamos a hacer acuerdos”. Una frase bellísima que casi hace llorar de la emoción, si no fuera porque en 2025 unos 17 familiares de "El Chapo" Guzmán entraron muy quitados de la pena a Estados Unidos para sumarse al selecto club de "testigos cooperantes", donde Joaquín y Ovidio Guzmán López ya disfrutan de las mieles de la justicia norteamericana. Pero claro, en México no se pacta; aquí simplemente nos enteramos de los chismes dos años tarde.
Y hablando de humillaciones de primer nivel, no olvidemos que el gran "operativo de captura" del capo histórico no fue una obra maestra de nuestra inteligencia militar, sino un secuestro perpetrado por Joaquín Guzmán López, el hijo de "El Chapo". Según se reveló en las cortes gringas, el joven Guzmán engañó al "Mayo", lo citó en una finca en Culiacán, lo amarró, lo subió a una avioneta y se lo entregó envuelto para regalo a las autoridades de Nuevo México. ¡Qué nivel de estrategia! Un muchacho con ambición de "testigo cooperante" logró en una tarde lo que el Estado mexicano no pudo consolidar en décadas de supuesta lucha contra el crimen.
Al final, este circo nos deja una doble lectura maravillosa: por un lado, la SRE y la FGR se desgarran las vestiduras exigiendo respeto a los tratados internacionales; por el otro, queda expuesto el patético hecho de que "El Mayo" Zambada jamás habría pisado una celda si hubiera dependido de las autoridades mexicanas, que hoy lloran porque les quitaron su trofeo de adorno. Aunque bueno, para ser justos y no ensañarnos solo con el gobierno actual, cabe recordar el sentir popular: al "Mayo" tampoco lo detuvieron López Portillo, De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón ni Peña Nieto. Al menos en algo hay continuidad histórica: la absoluta e inquebrantable pasividad nacional.
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