El ilustre y siempre recordado fundador del extinto Cártel de Guadalajara, Rafael Caro Quintero, ha vuelto a acaparar los reflectores de la justicia, esta vez deleitando con su presencia a la corte del Distrito Este de Nueva York. Para esta exclusiva gala judicial presidida por el juez Frederic Block, nuestro queridísimo capo deslumbró con la última tendencia de la alta costura carcelaria: un sofisticado uniforme café claro combinado audazmente con una camiseta anaranjada, demostrando que el orange is the new black nunca pasa de moda.
Todo un ícono del estilo para una audiencia de procedimiento que duró la maratónica, extenuante e insoportable cantidad de... 10 minutos. Así es, en lo que tardas en calentar un tamal en el microondas, el implacable y velocísimo sistema judicial gringo ya lo había despachado, agendando su próxima cita para el 1 de octubre. ¡Qué eficiencia!
Pero la verdadera joya de la comedia en este teatro legal es la extrema e "injustificada" paranoia de la fiscalía estadounidense, que anda rogando por un jurado anónimo y parcialmente aislado, como si estuvieran lidiando con un criminal de alto perfil. Exigen, casi al borde del llanto, que el Servicio de Alguaciles lleve y traiga a los miembros del jurado todos los días en secreto, manteniéndolos escondidos del público para evitar "el acoso, la intimidación u otra interferencia".
¿De dónde sacan que un pobre abuelito inofensivo podría interferir en el sagrado y pulcro proceso judicial estadounidense? Bueno, resulta que los fiscales se ponen quisquillosos y argumentan la "gravedad excepcional" del caso, recordando el pequeñísimo, minúsculo e insignificante detalle de que Caro Quintero tiene un currículum envidiable que incluye el asesinato del agente de la DEA Enrique "Kiki" Camarena en 1985, además de su admirable y probada capacidad para seguir operando su red criminal y delinquiendo desde la insuperable "seguridad" de las prisiones mexicanas. Qué falta de confianza, de verdad.
Este distinguido ciudadano VIP, que fue empaquetado y exportado a Estados Unidos en febrero de 2025 junto con otros 28 angelitos, se enfrenta a la posibilidad de ganarse unas vacaciones permanentes (léase: cadena perpetua) por cuatro carguitos de nada: dirigir una empresa criminal, el ya mencionado homicidio del agente de la DEA, distribución internacional de narcóticos y uso ilegal de armas.
Por ahora, el gran estreno del juicio está programado para una fecha tan cercana como el 8 de marzo de 2027. ¡Para el 2027! Tiempo más que suficiente para que Caro Quintero aprenda macramé, o mejor aún, para que la fiscalía y la defensa se sienten a tomar un cafecito y negocien un conveniente acuerdo que le evite al pobre hombre la terrible fatiga de ir a juicio.
Porque, aunque los fiscales juran y perjuran que todavía no le han puesto ninguna propuesta formal sobre la mesa para que se declare culpable, ya tuvieron el descaro de avisarle al juez que podrían empezar a platicarlo. Al final del día, ¿Qué importa un agente federal torturado y asesinado cuando el sistema de justicia puede ahorrarse unos cuantos dólares en un juicio llegando a un "acuerdo amistoso"?
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